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miércoles, 11 de junio de 2008

PUBLICACIÓN EN L'INDEPENDENT

Alguno de nuestros cuentistas ha publicado un microrelato en catalán en la sección de "relats curts" en el periódico semanal L'Independent de Gràcia.
Si hacéis click encima la imagen, aumentará su tamaño para una mejor lectura


TERESA ESMATGES (Caixer automàtic, L'independent 269, 17 octubre 2008)




ANA MARÍN (Els carrers de sempre, L'independent 263, 5 septiembre 2008)




JUAN MARÍA TORTOSA (Notícies seves, L'Independent 239, 22 febrero 2008)



ANA MARÍN (A les fosques, L'Independent 245, 4 abril 2008)



JOAN ALTIMIRAS (Tarot, L'Independent 248, 25 abril 2008)



TEBU GUERRA (La destresa del meu traç, L'Independent 252, 23 mayo 2008)


ANA MONTILLA (Llenguatges, L'Independent 261, 25 juliol 2008)

martes, 13 de mayo de 2008

MICRORELATOS DEL CONCURSO (VII) y últimos

Condiciones atmosféricasAna Montilla

Hacía tiempo que había dejado de insistir a mis padres para que me llevaran al zoológico, y un domingo mamá irrumpió en la habitación con una inexplicable sonrisa, diciendo que me vistiera rapidito, que ese día era ideal para la ocasión. Estaba contando no sé qué sobre las condiciones atmosféricas, que la humedad amansa a las hembras, y dejan que las personas cojan sus bebés, que ya vería la foto tan bonita que me iba a sacar con una cría de ualabí.¡Date prisa,¿quieres?!
Papá sostenía una pipa entre sus dedos, nunca le había visto fumar. Mi madre se ajustaba constantemente las sandalias porque:¡O me cortan la circulación o las pierdo por el camino!
Estaban disfrutando mucho porque a veces miraban muy fijamente la piscina, pero cuando las focas palmeaban o hacían cabriolas, me rodeaban muy pero que muy fuerte por los hombros y abrazándome me decían:¿Te estás divirtiendo hijo? yo asentía. De verdad parecía que lo estaban pasando en grande porque reían estrepitosamente, hasta se les saltaban las lágrimas y caían en la coca-cola. Sería por las condiciones atmosféricas.
Delante de los ualabíes, a mi madre se le resbaló la cámara y se estropeó, como no pudo fotografiarme, empezó a llorar. Mi padre había desparecido. No llores, murmuré secándole las lágrimas. Dijo que esto era una catástrofe, que no entendía cómo esos animales dejaban que cualquiera tocara sus crías.
Que sepas que nunca voy a dejar que te hagan daño, yo te voy a querer siempre, mi niño, dijo abrazándome muy fuerte dejándome casi sin respiración.




El veneno de Judas
Tebu Guerra

La madre vertió unas gotas del veneno en el termo y lo disolvió en el cacao. Para asegurarse, machacó las pastillas y mezcló el polvo con el huevo.
Guardó la comida de su hijo en la mochila con dibujos, el termo rojo y el bocadillo de tortilla con queso. Y la de su ex marido la introdujo en la bolsa de deportes, el termo amarillo y el bocadillo de tortilla con tomate.
Cuando se despedían en el jardín, junto al árbol, el ex marido insistió: - Me estás ocasionando problemas, ¿a qué viene esto ahora? Al niño no le hace falta el móvil. – Ella respondió con una sonrisa, sincera, y le besó la mejilla. Mientras los veía alejarse, cada uno con su mochila, se preguntó si Judas habría sentido lo mismo que ella. Se pasó la mano por la cara, no tenía marca, pero aún le dolía.
A las dos ya tenía la duda. Aunque se había puesto de tope hasta las tres, estaba contando los minutos. Si el teléfono no sonaba, llamaría ella. Consiguió convencerse, lo había explicado bien, era un teléfono para niños, tres teclas, tres números de teléfono: mamá, mamá trabajo, y abuela. El niño no podía equivocarse.
A las tres y media no pudo más y marcó el número de su hijo. Hubo un largo silencio antes de que su ex marido rompiera a llorar. La ex madre salió al jardín y miró hacia árbol, la cuerda del columpio aguantaría su peso.




Mal trago
Teresa Esmatges

–¿Su marido es alcohólico, señora?
No podía dar crédito a lo que me estaba contando aquella pandilla de médicos incompetentes en un frío pasillo de hospital.
–¡No, claro que no!, doctor.
–Pues eso no es lo que nos dice su maltrecho hígado.
Julián yacía semiinconsciente a causa de una pancreatitis aguda. Después de perseguir a todo profesional que me encontraba al paso para que me diera un pronóstico, va y me sueltan esa tontería.
Sí, todos bebemos, pero cuál es la diferencia entre beber mucho y ser alcohólico. ¡Bah! Se ha puesto de moda que todo sea una enfermedad. Así nos colocan en un grupo de insanos. Los alcohólicos, los ansiosos, los alérgicos, los celíacos, los adictos, los depresivos… ¡Podrían limitarse a hacer su trabajo y no hacernos sentir como si fuéramos delincuentes de nuestro propio cuerpo!
En una semana Julián despertó.
–¿Te encuentras bien, cariño? Tranquilo, estás en el hospital.
–¿Qué me ha ocurrido, Magda? Estoy muy cansado, inquieto y este hedor me pone malo.
–Creo que esta mañana, si no te mareas al levantarte, podrás ducharte.
Cuando iba a entrar en el baño me ofrecí a ayudarle, me contestó que podía solo. Oí correr el agua y en unos segundos el estrépito que hizo Julián al desplomarse. Grité para que viniera algún profesional. Acudieron dos enfermeras.
–Apártese, señora, su marido se ha bebido entero el litro de colonia que usted inocentemente le ha traído.




Persecución
- Joan Altimiras

Giré imperceptiblemente la cabeza para mirar de soslayo si aún me seguía. Había mucha gente y mi campo de visión era reducido. Aproveché un espejo a en la entrada de un parking para observar mejor. Estaba allí, a unos diez metros, los ojos clavados en mí nuca. Aquella pesadilla ya duraba casi dos meses.
Me seguía a todas partes, preguntaba a todo el mundo. Lo sorprendí más de una vez agazapado detrás de un árbol incluso hablando con algunos de mis compañeros ¿qué le estarían contando? Se interesó por mi ex-mujer. Una tarde, había preguntado a mis hijos por su padre, a la salida del colegio. Hasta visitó a mis padres.
Cambié de ruta, de hábitos, intenté dejar indicios falsos. Todo inútil.
–¿Por qué me estás persiguiendo?
Aquella tarde otoñal, bajé los brazos. Dejé de escapar y entré con parsimonia en el primer bar que salió a mi paso, para celebrar mi derrota con una copa de vino. Él se sentó en una mesa del fondo, al abrigo de los alaridos de las tragaperras, las voces de los clientes, el zumbido de la cafetera. Ya no me observaba, escribía frenéticamente en su cuaderno. Yo no dejé de observarlo, clavado en el taburete, en un permanente escalofrío.
Hasta que vi que, con un gesto enérgico, trazó una especie de rúbrica y empezó a mirarme de nuevo, arrellanándose en la silla.
Comprendí que la pesadilla se había fundido como el rastro de una estrella fugaz. Había terminado su relato sobre mí.

domingo, 27 de abril de 2008

PUBLICACIÓN DE LOS MICRORELATOS PREMIADOS

PRIMER PREMIO
Castillos - Ana Marín

Cuando él la besaba, ella cerraba los ojos y veía un castillo.
Al principio, sólo veía las murallas exteriores, pero poco a poco, conforme los besos se hacían más intensos, empezó a conocer el castillo por dentro.
Se pasaba el día esperando la hora de verlo, para que la besara de nuevo y volver a aquel sitio. Mientras sus labios la acariciaban, ella recorría los jardines contando las flores, los salones apreciando el buen gusto del mobiliario y las habitaciones tocando con la punta de los dedos de las sábanas de seda.
Había notado que se trataba de un castillo medieval, por los vestidos que encontró en uno de los armarios. “Me gustaría conocerlo todo, tendría que besarme más”, pensaba ella mirándolo tumbado a su lado, disfrutando de un apacible sueño. A veces no resistía y le preguntaba “¿Estás dormido?”. Casi siempre conseguía su objetivo y él volvía a besarla.
Un día, al cerrar los ojos se encontró en una parte oscura y húmeda del castillo. “Las mazmorras”, pensó asustada. Intentó detener el beso, pero él estaba muy emocionado y no estaba dispuesto a separarse. Su miedo se convirtió en terror cuando vio al verdugo, que mostraba un afilado cuchillo. Con paso firme, se acercó a ella y con dos cortes precisos le sacó los ojos.
“¿Admitirás ahora que eres una bruja”, le preguntó el verdugo.
Ya nunca más abrió los ojos, y en consecuencia, tampoco pudo cerrarlos para ver castillos.



SEGUNDO PREMIO
Receta para componer un haiku (sushi de poesía) - Alicia Sánchez

INGREDIENTES:
100 g. de inspiración
50 g. de talento
2 láminas de tristeza
un chorrito de alcohol

Para el relleno:
Desasosiego
Angustia vital
Males de amor (opcional)

PREPARACIÓN:
Hierve la inspiración en agua caliente. Escúrrela y adóbala con el alcohol. Resérvala.
A continuación, trocea el talento en sílabas, contando un máximo de 17.
Extrae las láminas de tristeza de su funda y colócalas sobre la esterilla de bambú.
Extiende la inspiración y el talento sobre las láminas.
Rellena el sushi de poesía al gusto, alternando el desasosiego con la angustia vital, sin olvidarte de los males de amor. Este último ingrediente puede resultar algo empalagoso, por lo que se aconseja probarlo antes de incluirlo en la receta o evitarlo completamente si estás en plena crisis sentimental.
Enrolla la lámina de tristeza. Para que el relleno no se desparrame, es importante evitar el verbo inflamado y apostar por la contención.
Finalmente, corta los trozos de sushi con el cuchillo afilado de la crítica y colócalos en una bandeja tamaño din a 4.

Ya sólo queda vender el sushi en el mercado (que según me dicen, es lo más difícil).
Buena suerte y... bon apetit!



TERCER PREMIO
Lenguajes - Ana Montilla

Al vivir siempre rodeado de cuevas, montañas o acantilados, Yul había adiestrado el oído desarrollando una prodigiosa habilidad que le permitía reconocer el eco de cualquier sonido, en cualquier lugar, incluso allí donde era imposible su propagación.

Yul se tiraba fuertemente del labio inferior, con la mirada primero perdida, más tarde analítico-delirante y por último abrasadora, salpicada de chispitas púrpura, color que teñía sus ojos de avellana tostada cuando tenía una idea brillante:¡Eureka! Eka-eka-ka-a-a.
Salió de casa para emprender un larguísimo viaje, durante el cual elaboraría un inmenso diccionario. Llegó incluso hasta La India, allí anotó el roce de una mano infantil acariciando el mármol del gran palacio: Paktaaa. Una joven morena cortaba la etiqueta de su nuevo vestido. Zasin. En Laponia, una bola de nieve de 10 cm. de diámetro cayó en un charco. La nieve nueva se fundía con el hielo antiguo de la superficie: Esuk.
Transcribía febrilmente momentos irrepetibles, modulados por el eco y asociados a conceptos internos.
Al regresar a su país escribió esta carta: Paktaaazasinesuk-Yamaegnip-sako-prabur-maizan[…] (“Amor, ¿dónde estás?, perdóname, vuelve…¡he comprado plumcake de arándanos para el desayuno![…]) y la echó al buzón. La súplica contenía, entre otros, vientos que azotan paraguas volviéndolos del revés, ropas deslizándose por cuerpos, granitos de azúcar derramándose sobre mesas metalizadas, la nieve, la etiqueta y la caricia infantil.
Una tarde, mientras estaba contando las múltiples grafías de un nuevo sonido, Yul vislumbró a lo lejos una columna de humo que ascendía trazando extraños dibujos.
Una mirada interrogante perfiló sus ojos.



PREMIO ESPECIAL DE LA CRÍTICA
La destreza de mi trazo - Tebu Guerra

Al lápiz de Emma le faltaban vitaminas. La goma, en cambio, no paraba de saltar por toda la casa borrándolo todo, las líneas de su libreta, la letra ñ del teclado del ordenador, la sonrisa de su cara. Fui en su auxilio.

Me recibió con el lápiz en la mano. Me estaba contando lo que ocurría cuando vi que su pie izquierdo había desaparecido –necesito que me dibujes –. Presumo de la destreza de mi mano, y conocía a Emma tan bien que podía hacerlo de memoria. Se tumbó sobre la mesa y comencé a dibujarla.

El lápiz estaba cansado, no lograba terminar un dedo antes de que desapareciera otra parte de su cuerpo. Ella aprovechó para sugerirme –Podrías obviar los juanetes. ¿Y hacerme las piernas finas?, me sobra cadera–. Yo encantado: nada de celulitis, fuera la barriguita, ¿y los pechos? Inspiración mía.

La goma se acabaría gastando, pero mientras, lo más delicado era el interior. ¿Quién conoce a la perfección esa maquinaria? El bazo, un riñón, y el corazón. Me esmeré, claroscuro del músculo vital. Pero fue precisamente aquí donde cometí el fallo, un olvido imperdonable.

–Ya estás–. Ella respondió que muchas gracias, no lo olvidaría. De eso hace dos meses. Ya no me llama, siempre está con otro. Me he prometido no caer de nuevo en el mismo error, si dibujar a otra persona es la única salida, no olvidaré trazarle un candado, bonito, bien cerrado, y guardarme yo la llave para siempre.

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CUARTO PREMIO

Cajero automático - Teresa Esmatges

De camino al restaurante, vi el neón de un cajero automático y entré. Me venía de perlas, pues sólo tenía dos míseros euros.
Introduje mi dinero de plástico para sacar un par de billetes de 20. Presionaba la pantalla táctil, siempre lo mismo: cantidad pit, sacar dinero pit, número secreto pit pit pit pit. Cuando tenía mi mano en la ranura para retirar la tarjeta, un sonido reclamó mi atención.
Una pastilla azul con letras blancas anunciaba:
lo siento, no te puedo dar dinero, pero puedes escoger una de estas tres opciones:
CONSEJO, INSPIRACIÓN, ORÁCULO
Tardé en reaccionar. ¡La máquina me estaba contando algo! Había recuperado mi tarjeta y podía largarme, pero quería seguir adelante.
Me perturban los oráculos, aunque no crea en ellos. La inspiración, ¿para qué?, esta noche sólo quiero diversión. Así que un consejo nunca viene mal, siempre puedo no hacerle caso.
CONSEJO ¡gling!
Estás de suerte, has sido la única que te has quedado a dialogar conmigo, es muy dura la vida de un cajero automático y por eso te concedo las tres opciones. Te aconsejo que si quieres dinero te busques a otro, te inspiro la historia sobre lo nuestro y el oráculo es la opción imposible, pero me gustaría decirte que volverás. Gracias por tu generosidad. Tienes unos dedos magníficos.
No pude más que sonreír, lo acaricié, me dedicó un recital de luces y sonidos. Decidí que aquella noche no necesitaba dinero, lo iba a pagar todo con tarjeta.



QUINTO PREMIO
Es una pesadilla - Dolores Ferrer

y me despierto sobresaltada.
El sudor brota de mi piel y las sábanas están pegadas.
Mis jadeos de espanto cubren el espacio con nubes de vapor.
El corazón corre en carreras de fórmula uno incapaz de alcanzar el sueño escurridizo.
Y se hizo la luz.
El familiar olor de caldo de puchero. El sonido de tuberías, cisternas y televisores. La visión de la vida y la realidad.
Sobre la mesilla un paquete de tabaco a medio terminar, las llaves del coche y la tarjeta del paro y algunas monedas sueltas.
¿Qué me estás contando?
Apaga la luz.
Prefiero dormir.
Zzzz, Zzzz.



ENTREGA DE PREMIOS CONCURSO MICRORELATOS


El viernes 25 de abril tuvo lugar la entrega de premios
del primer Concurso de Microrelatos

en el restaurante El Caliu de Gracia.

AND THE WINNERS ARE...








miércoles, 16 de enero de 2008

LA OTRA INFORMACIÓN

Me aburre leer los periódicos, creo que, como muchos, hago una pasada rápida de titulares. Con eso tengo suficiente, lo confieso. No cada día, sólo cuando cae alguno en mis manos: en el bar, en el trabajo o en cualquier sala de espera. Me subleva gastarme el euro en un periódico que acabará en el cesto de papel reciclado al cabo de unas horas.
Estoy con Joan, me encanta la radio y es lo segundo que pongo por la mañana después de apagar el despertador. No soy tan fiel como desearía y según el día de la semana voy cambiando el dial, incluso muchas veces me detengo en la COPE, Nuria, es una manera de reafirmarme en mi posición contraria. Me gusta estar al día, saber que el mundo sigue siendo mundo, con sus atrocidades Carla, sus curiosidades o sus noticias locales. Si algo me interesa lo suficiente, consulto internet para profundizar (últimamente me ha pasado con el controvertido tema del “canon intelectual”). Informada, pero lo justo.

La opinión es lo que más me atrae, en todos sus registros, desde el periódico, en las tertulias de la radio, en la barra del bar, lo que piensa el compañero de trabajo o el vendedor de lentejas.

Lo que quiero introducir ahora es la noticia a través de la imagen gráfica. Sin palabras. Esa realidad sutil que me sugiere más de la “vida de las personas” y que en la que nadie me impone su interpretación. Cada año acudo a varios certámenes de fotoperiodismo y me doy cuenta de la “otra realidad”, de Timor, África, Agfanistán, Cuba, el Raval, Chueca, Mombai, Gibraltar, el Chateaux Rouge,... a través de los rostros de la gente que lo habita. Huyo de las imágenes morbosas que se limitan a fotografiar el suceso, cargando las tintas y robando la dignidad de la condición humana. Parafraseando a Sarte no puedo más que sentir que "el mundo en el que vivo me repugna, pero me siento solidario con las personas que sufren en él".

Hay otro tipo de información y aprovecho el blog para escribir un “relato-impresión” de una fotografía que me impactó.
Que la disfrutéis.
Teresa Esmatges


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Las buenas fotografías son mi debilidad. Las contemplo sin prisa, dejo que sean ellas las que me cuenten pausadamente sus más íntimos secretos, las historias que hay detrás y la habilidad que ha tenido el fotógrafo para pasar desapercibido. Inhalo el arte del instante, escenas irrepetibles que transcurren en una milésima de segundo, saboreo la captura de un detalle que no se repetirá jamás y escucho el astuto clic que detiene el paso del tiempo y me transporta a una realidad distinta, de la vida en silencio, de las no palabras, repleta de una fuerza enigmática que activa todos mis sentidos.
En primer plano, una anciana en cuclillas lava a una joven subsahariana, enferma de sida. La chica, en bragas, está de pie dentro de un barreño de agua, con el cuerpo frágil y enjuto, ligeramente curvado. Las manos que se apoyan sobre sus rodillas, parece que le proporcionen el equilibrio suficiente para poder mantener la posición vertical.
Apenas pueden distinguirse sus caras. Se encuentran en una semipenumbra cálida y dulzona. Un sol de media tarde se filtra a través de una puerta que se intuye abierta delante de las dos figuras y que proyecta en un segundo plano otra imagen de la misma escena.
Sobre el oscuro fondo se dibuja un cuadro blanco perfecto, donde la sombra en negro es la protagonista.
La silueta de la joven está perfectamente delimitada, no tiene volumen, ni movimiento, ni vida. Da la impresión que sea el positivo de una radiografía colgado en una pared. La cabeza parece que quiera apoyarse en el marco del cuadro ficticio, porque el enclenque y cansado cuerpo ya no la puede sostener.
Cuál sombras chinescas, la verdad y la ficción se confunden, ¿qué es lo más real de la imagen?, lo que se ve o lo que proyecta.
La fotografía me hipnotiza hasta el punto de inquietarme y no puedo dejar de pensar que cuando se cierre esa puerta y no entre la luz, la joven se desplomará bruscamente a la vez que desaparezca su sombra.
T.E.


fotografía de Gideon Mendel. África subsahariana. NG-septiembre 2005

viernes, 2 de noviembre de 2007

FIESTA EN EL PARAÍSO

Nadie logra sobrevivir a la fiesta de su 80 cumpleaños en la residencia de ancianos “El Paraíso”. Así ha venido ocurriendo durante años.
Teresa Esmatges Dedéu